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Detroit: de centro financiero a ciudad fantasma



La que fuera capital mundial de la industria del automóvil presentó este jueves la mayor bancarrota en la historia de Estados Unidos.

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POR  24HORAS .CL

Detroit se convirtió este jueves en la mayor ciudad de Estados Unidos en declararse en quiebra.

La “Ciudad del Motor”, que fue símbolo durante años de la economía estadounidense, acumula una deuda superior a los 18.500 millones de dólares. Una situación que oscurece, aún más, el incierto futuro de una de las grandes metrópolis del país, que llegó a ser la cuarta más grande de todo Estados Unidos.

Detroit lleva en caída libre desde 2008, cuando comenzó la crisis financiera en Estados Unidos.

Por su dependencia en la industria automotriz, el área de Detroit es más vulnerable a los ciclos económicos que la mayoría de las grandes ciudades. Un alza en la fabricación de automóviles con tecnología de robots, la mano de obra más barata en otras partes del mundo y el aumento de la competencia en el sector ha conducido a la desaparición de gran parte del empelo en la región.

En junio, el área metropolitana de Detroit acumulaba una tasa de desempleo de 9,4 por ciento, según cifras estatales. Sólo en el estado de Michigan408 mil personas estaban desempleadas y buscando trabajo.

A causa de la bancarrota, la ciudad deberá reestructurar su funcionamiento, lo que implicará recortes presupuestarios, más despidos y venta de activos, para tratar de reducir drásticamente las deudas de la ciudad.

Detroit fue uno de los centros económicos y comerciales de Estados Unidos. Una ciudad en la que se instalaron los ”Tres Grandes” de la industria automotriz norteamericana (General Motors, Ford y Chrysler). Una industria que contribuía directamente e indirectamente con uno de cada diez empleos en los Estados Unidos. Así funcionaba la industria en 1960

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CIUDAD FANTASMA

Los datos que aportan los analistas para explicar la situación en la que se encuentra Detroit son realmente sorprendentes.

La ciudad ha perdido hasta un 60% de su población desde los años 1950. Es decir, cerca de 700 mil habitantes han abandonado la urbe. Sólo en la última década ha perdido un cuarto de sus ciudadanos, afectando directamente a la recaudación de la ciudad. La pérdida de contribuyentes y de ingresos, además del desempleo, el cierre de negocios y de empresas, han provocado que la ciudad no pueda hacer frente a los gastos de servicios públicos.

Sólo un tercio de las ambulancias están en funcionamiento. Los servicios de limpieza son deficientes. En algunos sectores el agua o la iluminación no funciona. Bomberos y policía no cuentan con el material adecuado para realizar su trabajo.

Detroit tiene, además, unos 78 mil edificios abandonados, convirtiendo sus calles en una auténtica ciudad fantasma.

La apuesta por los casinos, el béisbol y fútbol americano y el desarrollo inmobiliario no dieron sus frutos. Al contrario. La ciudad aceleró su decadencia ligada a la fuerte corrupción política desarrollada durante los 90. Ahora, los niveles de delincuencia en la ciudad presentan su mayor incremento en 40 años.

 Fuente:http://www.24horas.cl/

Detroit pasó de la cuna de la industria automotriz a la quiebra

La capital industrial.   Una planta de Packard Automotive abandonada en Detroit, Michigan. La ciudad solicitó la bancarrota. Jeff Kowalsky/EFE Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/mundo/Detroit-EEUU-USA-quiebra-crisis-bancarrota_0_958704178.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

La capital industrial.   Una planta de Packard Automotive abandonada en Detroit, Michigan. La ciudad solicitó la bancarrota. Jeff Kowalsky/EFE

La ciudad estadounidense de Detroit, cuna de la industria automotriz local, se convirtió ayer en la mayor ciudad norteamericana en declararse en quiebra y pedir amparo legal ante esta situación, según documentos judiciales. Esta ciudad que llegó a ser la cuarta mayor del país, perdió la mitad de su población desde 1950, expulsada por el crimen, la partida hacia los suburbios y los problemas de la indutria automotriz, que socavaron sus cimientos económicos. “Los habitantes de Detroit (…) merecen un plan que les permita salir de la espiral que los arrastra hacia servicios públicos cada vez peores ” , argumentó el gobernador del estado de Michigan, Rick Snyder, en una carta que acompaña el expediente presentado ante la Justicia. “La quiebra es la única solución que permitirá a Detroit volver a ser estable y viable”, señaló. El mes pasado la ciudad había anunciado que entraría en moratoria sobre una parte de los 18 500 millones de dólares que debe. La quiebra o bancarrota le permitirá, de ser refrendada por la Justicia, buscar acuerdos con sus acreedores. El gobernador Snyder nombró a un administrador de emergencia con experiencia en bancarrota este año, para reestructurar las finanzas de la ciudad. Snyder indicó que habría “deseado mucho” que esa medida ayudara a la ciudad a evitar la bancarrota. Pero ahora es tiempo de “enfrentar el hecho de que la ciudad no puede y no está pagando sus deudas cuando debe y es insolvente”. El gobernador enumeró una serie de problemas que muestran que Detroit ya no puede cumplir con sus obligaciones con sus ciudadanos. La tasa de homicidios es la mayor en casi 40 años y, por más de dos décadas, Detroit estuvo en la lista de ciudades más peligrosas de Estados Unidos. Las personas deben esperar un promedio de 58 minutos para que la policía responda a sus llamados, comparado con un promedio de 11 minutos en el resto del país. La falta de fondos para mantenimiento y reparaciones significa que solo un tercio de las ambulancias de la ciudad funcionan y los coches de policía y carros de bomberos también están en mal estado. Hay 78 000 edificios abandonados en la ciudad, y 40% de los servicios de iluminación no funcionan. La ciudad también alcanzó su límite máximo legal de impuestos a los ciudadanos, e incluso considerando que podría aumentarlos todavía más, los residentes no podrían pagar un volumen mayor de tributos, remarcó Snyder.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/mundo/Detroit-EEUU-USA-quiebra-crisis-bancarrota_0_958704178.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

HISTORIA DE DETROIT

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A finales del siglo XIX, en plena edad dorada de la arquitectura y el urbanismo de Estados Unidos, tras pasar el trago de la Guerra de Secesión, el país conoció una expansión económica, industrial y demográfica que superó a los impulsos industriales del Reino Unido y Alemania.

Estados Unidos era un país nuevo e inmenso, cuyos mecenas industriales invertían en universidades, museos y edificios con vocación ilustre.

Detroit, entonces una ciudad decidida a aprovecharse de su acceso a materias primas y una posición geográfica privilegiada para el comercio, se atrevió con edificios y mansiones, así como con una imponente avenida, Washington Boulevard, que fue electrificada (entonces, el último grito tecnológico) por un emprendedor relacionado con la época dorada de la ciudad, Thomas Edison.

La era del automóvil y el inicio del “Sueño Americano”

En 1904, nacía Ford Motor Company, fundada por Henry Ford, amigo y compañero de sueños tecnológicos de Thomas Edison (entre ellos,crear un Ford T eléctrico). Otros pioneros del automóvil también elegirían Detroit, como William C. Durant, los hermanos Dodge y Walter Chrysler, entre otros.

El impulso industrial de la que fue bautizada como Motor City creó una cierta conciencia de clase entre los trabajadores del automóvil, que derivó en conflictividad social en los años 30, aplacada pocos años más tarde con el esfuerzo industrial que realizó la ciudad para hacer frente a los pedidos de la maquinaria de guerra estadounidense.

Entonces, Detroit fue rebautizada mientras duró la guerra como el Arsenal de la Democracia, un apelativo algo pretencioso o rimbombante, aunque no falto de verdad: su participación fue decisiva para consolidar a Estados Unidos como primera potencia militar mundial.

La consolidación del sector del automóvil en los años 50 dio paso al inicio de cambios demográficos profundos en la ciudad. Con el coche privado y la construcción de la primera autopista urbana subterránea del mundo, las empresas de la ciudad ayudaron con sus grupos de presión a que se desmantelaran redes de transporte público metropolitano, en Detroit y otras ciudades del Medio Oeste. Era el reinado del coche privado, y todo el mundo podía soñar con una casa en las afueras.

Paradójicamente, coincidiendo con el inicio de su decadencia urbana y social, Detroit creó buena parte de la banda sonora de Occidente, en los 60 y 70, hasta el punto de que, todavía hoy, incluso quienes no se declaran melómanos reconocen sin problemas el acaramelado ritmo del sonido Motown, acompañado por la voz de buena parte de los cantantes afroamericanos más reconocidos de la época. La población blanca de la ciudad prefirió bailar a Marvin Gaye desde los suburbios.

La crisis del petróleo de 1973 produjo un aumento del precio de los carburantes en Estados Unidos, aunque inferior al padecido por Europa o Japón, lo que aceleró la construcción de vehículos compactos en el Viejo Continente y Asia que competirían con los estadounidenses. Un descenso en las ventas de los Big Three coincidió con la llegada de la heroína y el crack a la ciudad, que hicieron estragos.

La que fue capital del automóvil

En las últimas décadas, la palabra Detroit ha consolidado su significado metonímico y quienes la usan se refieren, en la mayoría de ocasiones, a la industria del automóvil de Estados Unidos, por ser la sede de las tres principales compañías automovilísticas del país, las Big Three.

General Motors y Chrysler, por un lado, luchan por recuperarse de la bancarrota y parecen haberse contagiado del estado de ánimo que se ha consolidado en la ciudad en las últimas décadas, con una constante pérdida de población, abandono de edificios residenciales e incluso espacios nobles y simbólicos; y Ford, ligeramente en mejor forma las anteriores, salvada de las peores consecuencias de la última crisis y confiada en que podrá adaptar con rapidez su profundo conocimiento en vehículos eficientes y compactos como los que vende en Europa al mercado estadounidense, que cambia sus prioridades debido a la recesión, el precio del combustible y la mayor concienciación medioambiental.

Detroit también es, para el ciudadano norteamericano medio, sinónimo de decadencia y sombra de la antaño pujante era del Medio Oeste urbano e industrial que maravilló al mundo en la primera mitad del siglo XX.

Detroit se asemeja a un viejo púgil de boxeo, venido a menos, curtido en mil batallas, abandonado por sus seguidores, olvidado por la prensa.

No obstante, otros ven en la ciudad el potencial de la segunda oportunidad encarnado por el Ave Fénix, como si el viejo boxeador afroamericano, sin dientes ni apenas aliento, se pudiera reencarnar en un personaje como el boxeador interpretado por Russell Crowe enCinderella Man, un púgil de mediana edad venido a menos que se queda sin trabajo en plena Gran Depresión y decide volver a boxear para mantener a su familia, con tal voluntad que se convierte en campeón mundial.

El mundo al revés: orgullo de la periferia, depresión de la ciudad

La penuria económica, la crisis de ventas y la competencia de otros mercados automovilísticos acabaron de hundir, con el inicio del siglo XXI, la autoestima de Detroit, una ciudad habitada sólo por las clases más desfavorecidas, sobre todo descendientes de los miles de trabajadores negros que emigraron desde el sur del país a cubrir las vacantes industriales del norte, a partir de la II Guerra Mundial.

La población blanca, mayoritaria hasta entonces, inició un progresivo éxodo hacia los suburbios residenciales de clase media que rodean desde entonces la ciudad, generando un fenómeno que ha sido usado desde entonces como alegoría de la evolución social estadounidense hasta épocas recientes.

Una ciudad dinámica que crece en densidad y urbanidad que, tras albergar tensiones sociales entre los últimos en llegar -generalmente los más desfavorecidos-, se encomienda a la autonomía representada por el vehículo privado (Detroit es, de hecho, el epicentro de la cultura del vehículo privado).

Detroit, como otras urbes estadounidenses, fomentó la percepción entre las clases medias de que la vida en los suburbios residenciales, con casa, espacio, vecinos con las mismas inquietudes y, claro, dependencia con respecto del coche debido a la escasa densidad, era el auténtico Sueño Americano, el que merecía la pena perseguir.

Consecuencias sociales de un modelo urbano diseñado para el automóvil

A diferencia de en la mayoría de las principales ciudades de Estados Unidos, Detroit es un caso extremo digno de estudio. En ninguna otra gran urbe, el tejido y dinamismo urbanos han desaparecido casi totalmente debido al abandono de la ciudad por parte de la mitad de la población (sobre todo las clases medias y pudientes) y el deterioro a cámara rápida de edificios que competían en pompa y fineza con aquellos de las principales ciudades de Norteamérica y Europa.

Detroit alcanzó su pico de población en la década de los 40 del siglo XX, con 1.849.000 habitantes, con un descenso de población inferior al 10% en las décadas de los 50 y 60 y el inicio de la estampida social en la década de los 70, cuando el 20% de los residentes dejó la ciudad.

En los 80, el goteo descendió hasta un todavía elevado 14,6% de los habitantes que quedaban en Detroit. Los 90 y el inicio del nuevo siglo confirmaron el punto más bajo, en cuanto a población, de la Ciudad del Motor: 951.270 habitantes en los 90 y, finalmente, 910.920 habitantes censados en 2009.

Según los datos censales de la urbe, el 81,6% de la población es negra, el 12,3% blanca, el 5% es hispana de cualquier raza (con predominio de ciudadanos de origen puertorriqueño y mexicano) y el 1% es de origen asiático.

Si Detroit fuera Manhattan

Si Detroit fuera Manhattan, el fenómeno ocurrido en las últimas décadas sería comparable con el abandono de Manhattan por parte de la población blanca de Nueva York y la permanencia de la población negra en Harlem, mientras Park Avenue y los barrios pudientes del Upper East Side y Upper West Side, así como el Village, Chelsea o el Soho empezarían un acelerado proceso de descomposición, con habitantes de la propia ciudad calando fuego a los bloques de pisos con peligro de convertirse en vertederos no controlados y focos de drogadicción y conflicto entre bandas.

En el símil, el Manhattan convertido en Detroit conservaría un cierto dinamismo en el centro de negocios o “Downtown”. Al fin y al cabo, la zona de los rascacielos de Detroit alberga, aunque en ocasiones sólo a título nominal, a varias de las mayores empresas de Estados Unidos y a la mayoría del sector automovilístico del país, ahora de capa caída.

Pero nada es comparable a Detroit; acaso el decorado urbano de alguna de las películas pseudo-apocalípticas que han acelerado su aparición en los últimos años, al calor de fenómenos como el cambio climático y la acentuación de las catástrofes naturales, la recesión o antiguas creencias como la profecía de 2012 (año del Apocalipsis, según los antiguos Mayas).

La mayor ciudad del Estado de Michigan, con una localización inmejorable debido a la conexión portuaria con el Medio Oeste, los Grandes Lagos (a través del navegable río Detroit) y Canadá, es la única gran urbe estadounidense situada al norte de muchas ciudades canadienses (Windsor, Canadá, está al sur de Detroit).

La revista Time publicó en 2009 una fotogalería de la ciudad con un título tan descriptivo como deprimente para sus habitantes: El hermoso y horrible declive de Detroit.

Dos ángeles industriales caídos: Detroit y Manaos

El ascenso y caída de Detroit, antaño ejemplo industrial de Estados Unidos para el mundo y ahora rival de Nueva Orleans en promocionar las consecuencias del estigma racial, la desestructuración social y la pobre planificación urbana, quizá sólo sea comparable con otra ciudad, todavía más meteórica en su corto reinado y sonora caída: Manaos, la ciudad que Brasil construyó en el corazón del Amazonas.

Como Detroit, Manaos se convirtió en centro de negocios imprescindible para el mundo a finales del XIX y principios del siglo XX debido a la entonces emergente industria del automóvil. Manaos era el epicentro de la industria de extracción de caucho natural, ya que contaba con una ventaja que le otorgaba un monopolio de facto: hasta entonces, las plantaciones de caucho con una escala suficiente para la explotación industrial de su resina sólo crecían con éxito en la cuenca del Amazonas, lo que permitió que la ciudad floreciera en poco tiempo, rivalizando con las urbes de Europa y Norteamérica en sus teatros y parques.

Quisieron y no pudieron

En sólo unos años, las plantaciones de caucho de Asia y, sobre todo, la generalización de polímeros derivados del petróleo mucho más económicos que la resina y sin sus limitaciones de localización y escala industrial condenaron a la ciudad imposible del Amazonas a un largo letargo, alimentada con la humedad tropical y el ritmo de una mera ciudad de provincias en un país pobre.

Otra similitud que denota la pujanza antes del batacazo, el anhelo del nuevo rico: Detroit fue llamada a finales del siglo XIX la París del Oeste, mientras Manaos fue llamada, no mucho tiempo después, la París de la Jungla.

Detroit y Manaos difieren, no obstante, en lo fundamental: la decadencia de la ciudad del Amazonas nunca derivó en la segregación de las distintas etnias, como ocurrió en la Ciudad del Motor, miles de kilómetros al norte, en otro país gigantesco, aunque desarrollado. La mayoría de los que abandonaron Detroit se desplazaron a su corona metropolitana, otro fenómeno peculiar. En Motor City, el “cinturón industrial” se compone de barrios residenciales con mayor poder adquisitivo que la “ciudad” que los generó, un fenómeno inverso al que se observa en ciudades de todo el mundo, incluyendo Barcelona y Madrid.

“Renacimiento” fallido a la americana

El renacer de una ciudad que ha perdido su autoestima con la velocidad que ha bajado su censo de habitantes es una de las obsesiones de los mandatarios, personalidades y organizaciones más significativas de la ciudad.

A finales de los 70, coincidiendo con un aumento de la conflictividad social y la acción delictiva de bandas y delincuentes que se convirtieron en poco menos que héroes para parte de la juventud de la ciudad (Butch Jones, Maserati Rick, los hermanos Chambers), la heroina y el crack se convirtieron en un problema en toda la ciudad.

El Consistorio municipal intentó reimpulsar una urbe deprimida con el Renaissance Center, a finales de la misma década, un complejo de rascacielos que se convirtió en una “ciudad dentro de una ciudad”. Si lo que pretendía era reimpulsar la ciudad de Detroit, el Renaissance Center fracasó estrepitosamente, al ser un complejo de negocios conectado por autopista con los suburbios y prácticamente segregado del resto.

Ni siquiera logró aplacar una tendencia que se aceleró en los 80 y 90, y no paró con el nuevo siglo: la fuga de empresas de la ciudad hacia su periferia o incluso otros Estados.

Si el Renaissance Center confundió sus anhelos y sus objetivos, pensando que el vigor económico atraería prosperidad y, como consecuencia, afectaría positivamente al resto de la ciudad, los responsables públicos de Detroit llevaron sus sueños de reimpulsar la urbe “desde arriba” hasta sus últimas consecuencias en cuanto a mercadotecnia. De no ser así, no se entendería cómo a la gran ciudad más deprimida de Estados Unidos, donde el precio de enormes casas en deplorable estado se acerca a cero, se rebautizó a sí misma como The Renaissance City.

Medios como The Economist se han llegado a preguntar si existe alguna fórmula plausible para cambiar el rumbo de una urbe en una larga y deprimente caída.

Fuente y nota completa:http://faircompanies.com/news/view/detroit-la-ciudad-que-pretende-resurgir-sus-cenizas/

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Detroit: de centro financiero a ciudad fantasma



La que fuera capital mundial de la industria del automóvil presentó este jueves la mayor bancarrota en la historia de Estados Unidos.

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Detroit se convirtió este jueves en la mayor ciudad de Estados Unidos en declararse en quiebra.

La “Ciudad del Motor”, que fue símbolo durante años de la economía estadounidense, acumula una deuda superior a los 18.500 millones de dólares. Una situación que oscurece, aún más, el incierto futuro de una de las grandes metrópolis del país, que llegó a ser la cuarta más grande de todo Estados Unidos.

Detroit lleva en caída libre desde 2008, cuando comenzó la crisis financiera en Estados Unidos.

Por su dependencia en la industria automotriz, el área de Detroit es más vulnerable a los ciclos económicos que la mayoría de las grandes ciudades. Un alza en la fabricación de automóviles con tecnología de robots, la mano de obra más barata en otras partes del mundo y el aumento de la competencia en el sector ha conducido a la desaparición de gran parte del empelo en la región.

En junio, el área metropolitana de Detroit acumulaba una tasa de desempleo de 9,4 por ciento, según cifras estatales. Sólo en el estado de Michigan408 mil personas estaban desempleadas y buscando trabajo.

A causa de la bancarrota, la ciudad deberá reestructurar su funcionamiento, lo que implicará recortes presupuestarios, más despidos y venta de activos, para tratar de reducir drásticamente las deudas de la ciudad.

Detroit fue uno de los centros económicos y comerciales de Estados Unidos. Una ciudad en la que se instalaron los ”Tres Grandes” de la industria automotriz norteamericana (General Motors, Ford y Chrysler). Una industria que contribuía directamente e indirectamente con uno de cada diez empleos en los Estados Unidos. Así funcionaba la industria en 1960

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CIUDAD FANTASMA

Los datos que aportan los analistas para explicar la situación en la que se encuentra Detroit son realmente sorprendentes.

La ciudad ha perdido hasta un 60% de su población desde los años 1950. Es decir, cerca de 700 mil habitantes han abandonado la urbe. Sólo en la última década ha perdido un cuarto de sus ciudadanos, afectando directamente a la recaudación de la ciudad. La pérdida de contribuyentes y de ingresos, además del desempleo, el cierre de negocios y de empresas, han provocado que la ciudad no pueda hacer frente a los gastos de servicios públicos.

Sólo un tercio de las ambulancias están en funcionamiento. Los servicios de limpieza son deficientes. En algunos sectores el agua o la iluminación no funciona. Bomberos y policía no cuentan con el material adecuado para realizar su trabajo.

Detroit tiene, además, unos 78 mil edificios abandonados, convirtiendo sus calles en una auténtica ciudad fantasma.

La apuesta por los casinos, el béisbol y fútbol americano y el desarrollo inmobiliario no dieron sus frutos. Al contrario. La ciudad aceleró su decadencia ligada a la fuerte corrupción política desarrollada durante los 90. Ahora, los niveles de delincuencia en la ciudad presentan su mayor incremento en 40 años.

 Fuente:http://www.24horas.cl/

Detroit pasó de la cuna de la industria automotriz a la quiebra

La capital industrial.   Una planta de Packard Automotive abandonada en Detroit, Michigan. La ciudad solicitó la bancarrota. Jeff Kowalsky/EFE Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/mundo/Detroit-EEUU-USA-quiebra-crisis-bancarrota_0_958704178.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

La capital industrial.   Una planta de Packard Automotive abandonada en Detroit, Michigan. La ciudad solicitó la bancarrota. Jeff Kowalsky/EFE

La ciudad estadounidense de Detroit, cuna de la industria automotriz local, se convirtió ayer en la mayor ciudad norteamericana en declararse en quiebra y pedir amparo legal ante esta situación, según documentos judiciales. Esta ciudad que llegó a ser la cuarta mayor del país, perdió la mitad de su población desde 1950, expulsada por el crimen, la partida hacia los suburbios y los problemas de la indutria automotriz, que socavaron sus cimientos económicos. “Los habitantes de Detroit (…) merecen un plan que les permita salir de la espiral que los arrastra hacia servicios públicos cada vez peores ” , argumentó el gobernador del estado de Michigan, Rick Snyder, en una carta que acompaña el expediente presentado ante la Justicia. “La quiebra es la única solución que permitirá a Detroit volver a ser estable y viable”, señaló. El mes pasado la ciudad había anunciado que entraría en moratoria sobre una parte de los 18 500 millones de dólares que debe. La quiebra o bancarrota le permitirá, de ser refrendada por la Justicia, buscar acuerdos con sus acreedores. El gobernador Snyder nombró a un administrador de emergencia con experiencia en bancarrota este año, para reestructurar las finanzas de la ciudad. Snyder indicó que habría “deseado mucho” que esa medida ayudara a la ciudad a evitar la bancarrota. Pero ahora es tiempo de “enfrentar el hecho de que la ciudad no puede y no está pagando sus deudas cuando debe y es insolvente”. El gobernador enumeró una serie de problemas que muestran que Detroit ya no puede cumplir con sus obligaciones con sus ciudadanos. La tasa de homicidios es la mayor en casi 40 años y, por más de dos décadas, Detroit estuvo en la lista de ciudades más peligrosas de Estados Unidos. Las personas deben esperar un promedio de 58 minutos para que la policía responda a sus llamados, comparado con un promedio de 11 minutos en el resto del país. La falta de fondos para mantenimiento y reparaciones significa que solo un tercio de las ambulancias de la ciudad funcionan y los coches de policía y carros de bomberos también están en mal estado. Hay 78 000 edificios abandonados en la ciudad, y 40% de los servicios de iluminación no funcionan. La ciudad también alcanzó su límite máximo legal de impuestos a los ciudadanos, e incluso considerando que podría aumentarlos todavía más, los residentes no podrían pagar un volumen mayor de tributos, remarcó Snyder.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/mundo/Detroit-EEUU-USA-quiebra-crisis-bancarrota_0_958704178.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

HISTORIA DE DETROIT

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A finales del siglo XIX, en plena edad dorada de la arquitectura y el urbanismo de Estados Unidos, tras pasar el trago de la Guerra de Secesión, el país conoció una expansión económica, industrial y demográfica que superó a los impulsos industriales del Reino Unido y Alemania.

Estados Unidos era un país nuevo e inmenso, cuyos mecenas industriales invertían en universidades, museos y edificios con vocación ilustre.

Detroit, entonces una ciudad decidida a aprovecharse de su acceso a materias primas y una posición geográfica privilegiada para el comercio, se atrevió con edificios y mansiones, así como con una imponente avenida, Washington Boulevard, que fue electrificada (entonces, el último grito tecnológico) por un emprendedor relacionado con la época dorada de la ciudad, Thomas Edison.

La era del automóvil y el inicio del “Sueño Americano”

En 1904, nacía Ford Motor Company, fundada por Henry Ford, amigo y compañero de sueños tecnológicos de Thomas Edison (entre ellos,crear un Ford T eléctrico). Otros pioneros del automóvil también elegirían Detroit, como William C. Durant, los hermanos Dodge y Walter Chrysler, entre otros.

El impulso industrial de la que fue bautizada como Motor City creó una cierta conciencia de clase entre los trabajadores del automóvil, que derivó en conflictividad social en los años 30, aplacada pocos años más tarde con el esfuerzo industrial que realizó la ciudad para hacer frente a los pedidos de la maquinaria de guerra estadounidense.

Entonces, Detroit fue rebautizada mientras duró la guerra como el Arsenal de la Democracia, un apelativo algo pretencioso o rimbombante, aunque no falto de verdad: su participación fue decisiva para consolidar a Estados Unidos como primera potencia militar mundial.

La consolidación del sector del automóvil en los años 50 dio paso al inicio de cambios demográficos profundos en la ciudad. Con el coche privado y la construcción de la primera autopista urbana subterránea del mundo, las empresas de la ciudad ayudaron con sus grupos de presión a que se desmantelaran redes de transporte público metropolitano, en Detroit y otras ciudades del Medio Oeste. Era el reinado del coche privado, y todo el mundo podía soñar con una casa en las afueras.

Paradójicamente, coincidiendo con el inicio de su decadencia urbana y social, Detroit creó buena parte de la banda sonora de Occidente, en los 60 y 70, hasta el punto de que, todavía hoy, incluso quienes no se declaran melómanos reconocen sin problemas el acaramelado ritmo del sonido Motown, acompañado por la voz de buena parte de los cantantes afroamericanos más reconocidos de la época. La población blanca de la ciudad prefirió bailar a Marvin Gaye desde los suburbios.

La crisis del petróleo de 1973 produjo un aumento del precio de los carburantes en Estados Unidos, aunque inferior al padecido por Europa o Japón, lo que aceleró la construcción de vehículos compactos en el Viejo Continente y Asia que competirían con los estadounidenses. Un descenso en las ventas de los Big Three coincidió con la llegada de la heroína y el crack a la ciudad, que hicieron estragos.

La que fue capital del automóvil

En las últimas décadas, la palabra Detroit ha consolidado su significado metonímico y quienes la usan se refieren, en la mayoría de ocasiones, a la industria del automóvil de Estados Unidos, por ser la sede de las tres principales compañías automovilísticas del país, las Big Three.

General Motors y Chrysler, por un lado, luchan por recuperarse de la bancarrota y parecen haberse contagiado del estado de ánimo que se ha consolidado en la ciudad en las últimas décadas, con una constante pérdida de población, abandono de edificios residenciales e incluso espacios nobles y simbólicos; y Ford, ligeramente en mejor forma las anteriores, salvada de las peores consecuencias de la última crisis y confiada en que podrá adaptar con rapidez su profundo conocimiento en vehículos eficientes y compactos como los que vende en Europa al mercado estadounidense, que cambia sus prioridades debido a la recesión, el precio del combustible y la mayor concienciación medioambiental.

Detroit también es, para el ciudadano norteamericano medio, sinónimo de decadencia y sombra de la antaño pujante era del Medio Oeste urbano e industrial que maravilló al mundo en la primera mitad del siglo XX.

Detroit se asemeja a un viejo púgil de boxeo, venido a menos, curtido en mil batallas, abandonado por sus seguidores, olvidado por la prensa.

No obstante, otros ven en la ciudad el potencial de la segunda oportunidad encarnado por el Ave Fénix, como si el viejo boxeador afroamericano, sin dientes ni apenas aliento, se pudiera reencarnar en un personaje como el boxeador interpretado por Russell Crowe enCinderella Man, un púgil de mediana edad venido a menos que se queda sin trabajo en plena Gran Depresión y decide volver a boxear para mantener a su familia, con tal voluntad que se convierte en campeón mundial.

El mundo al revés: orgullo de la periferia, depresión de la ciudad

La penuria económica, la crisis de ventas y la competencia de otros mercados automovilísticos acabaron de hundir, con el inicio del siglo XXI, la autoestima de Detroit, una ciudad habitada sólo por las clases más desfavorecidas, sobre todo descendientes de los miles de trabajadores negros que emigraron desde el sur del país a cubrir las vacantes industriales del norte, a partir de la II Guerra Mundial.

La población blanca, mayoritaria hasta entonces, inició un progresivo éxodo hacia los suburbios residenciales de clase media que rodean desde entonces la ciudad, generando un fenómeno que ha sido usado desde entonces como alegoría de la evolución social estadounidense hasta épocas recientes.

Una ciudad dinámica que crece en densidad y urbanidad que, tras albergar tensiones sociales entre los últimos en llegar -generalmente los más desfavorecidos-, se encomienda a la autonomía representada por el vehículo privado (Detroit es, de hecho, el epicentro de la cultura del vehículo privado).

Detroit, como otras urbes estadounidenses, fomentó la percepción entre las clases medias de que la vida en los suburbios residenciales, con casa, espacio, vecinos con las mismas inquietudes y, claro, dependencia con respecto del coche debido a la escasa densidad, era el auténtico Sueño Americano, el que merecía la pena perseguir.

Consecuencias sociales de un modelo urbano diseñado para el automóvil

A diferencia de en la mayoría de las principales ciudades de Estados Unidos, Detroit es un caso extremo digno de estudio. En ninguna otra gran urbe, el tejido y dinamismo urbanos han desaparecido casi totalmente debido al abandono de la ciudad por parte de la mitad de la población (sobre todo las clases medias y pudientes) y el deterioro a cámara rápida de edificios que competían en pompa y fineza con aquellos de las principales ciudades de Norteamérica y Europa.

Detroit alcanzó su pico de población en la década de los 40 del siglo XX, con 1.849.000 habitantes, con un descenso de población inferior al 10% en las décadas de los 50 y 60 y el inicio de la estampida social en la década de los 70, cuando el 20% de los residentes dejó la ciudad.

En los 80, el goteo descendió hasta un todavía elevado 14,6% de los habitantes que quedaban en Detroit. Los 90 y el inicio del nuevo siglo confirmaron el punto más bajo, en cuanto a población, de la Ciudad del Motor: 951.270 habitantes en los 90 y, finalmente, 910.920 habitantes censados en 2009.

Según los datos censales de la urbe, el 81,6% de la población es negra, el 12,3% blanca, el 5% es hispana de cualquier raza (con predominio de ciudadanos de origen puertorriqueño y mexicano) y el 1% es de origen asiático.

Si Detroit fuera Manhattan

Si Detroit fuera Manhattan, el fenómeno ocurrido en las últimas décadas sería comparable con el abandono de Manhattan por parte de la población blanca de Nueva York y la permanencia de la población negra en Harlem, mientras Park Avenue y los barrios pudientes del Upper East Side y Upper West Side, así como el Village, Chelsea o el Soho empezarían un acelerado proceso de descomposición, con habitantes de la propia ciudad calando fuego a los bloques de pisos con peligro de convertirse en vertederos no controlados y focos de drogadicción y conflicto entre bandas.

En el símil, el Manhattan convertido en Detroit conservaría un cierto dinamismo en el centro de negocios o “Downtown”. Al fin y al cabo, la zona de los rascacielos de Detroit alberga, aunque en ocasiones sólo a título nominal, a varias de las mayores empresas de Estados Unidos y a la mayoría del sector automovilístico del país, ahora de capa caída.

Pero nada es comparable a Detroit; acaso el decorado urbano de alguna de las películas pseudo-apocalípticas que han acelerado su aparición en los últimos años, al calor de fenómenos como el cambio climático y la acentuación de las catástrofes naturales, la recesión o antiguas creencias como la profecía de 2012 (año del Apocalipsis, según los antiguos Mayas).

La mayor ciudad del Estado de Michigan, con una localización inmejorable debido a la conexión portuaria con el Medio Oeste, los Grandes Lagos (a través del navegable río Detroit) y Canadá, es la única gran urbe estadounidense situada al norte de muchas ciudades canadienses (Windsor, Canadá, está al sur de Detroit).

La revista Time publicó en 2009 una fotogalería de la ciudad con un título tan descriptivo como deprimente para sus habitantes: El hermoso y horrible declive de Detroit.

Dos ángeles industriales caídos: Detroit y Manaos

El ascenso y caída de Detroit, antaño ejemplo industrial de Estados Unidos para el mundo y ahora rival de Nueva Orleans en promocionar las consecuencias del estigma racial, la desestructuración social y la pobre planificación urbana, quizá sólo sea comparable con otra ciudad, todavía más meteórica en su corto reinado y sonora caída: Manaos, la ciudad que Brasil construyó en el corazón del Amazonas.

Como Detroit, Manaos se convirtió en centro de negocios imprescindible para el mundo a finales del XIX y principios del siglo XX debido a la entonces emergente industria del automóvil. Manaos era el epicentro de la industria de extracción de caucho natural, ya que contaba con una ventaja que le otorgaba un monopolio de facto: hasta entonces, las plantaciones de caucho con una escala suficiente para la explotación industrial de su resina sólo crecían con éxito en la cuenca del Amazonas, lo que permitió que la ciudad floreciera en poco tiempo, rivalizando con las urbes de Europa y Norteamérica en sus teatros y parques.

Quisieron y no pudieron

En sólo unos años, las plantaciones de caucho de Asia y, sobre todo, la generalización de polímeros derivados del petróleo mucho más económicos que la resina y sin sus limitaciones de localización y escala industrial condenaron a la ciudad imposible del Amazonas a un largo letargo, alimentada con la humedad tropical y el ritmo de una mera ciudad de provincias en un país pobre.

Otra similitud que denota la pujanza antes del batacazo, el anhelo del nuevo rico: Detroit fue llamada a finales del siglo XIX la París del Oeste, mientras Manaos fue llamada, no mucho tiempo después, la París de la Jungla.

Detroit y Manaos difieren, no obstante, en lo fundamental: la decadencia de la ciudad del Amazonas nunca derivó en la segregación de las distintas etnias, como ocurrió en la Ciudad del Motor, miles de kilómetros al norte, en otro país gigantesco, aunque desarrollado. La mayoría de los que abandonaron Detroit se desplazaron a su corona metropolitana, otro fenómeno peculiar. En Motor City, el “cinturón industrial” se compone de barrios residenciales con mayor poder adquisitivo que la “ciudad” que los generó, un fenómeno inverso al que se observa en ciudades de todo el mundo, incluyendo Barcelona y Madrid.

“Renacimiento” fallido a la americana

El renacer de una ciudad que ha perdido su autoestima con la velocidad que ha bajado su censo de habitantes es una de las obsesiones de los mandatarios, personalidades y organizaciones más significativas de la ciudad.

A finales de los 70, coincidiendo con un aumento de la conflictividad social y la acción delictiva de bandas y delincuentes que se convirtieron en poco menos que héroes para parte de la juventud de la ciudad (Butch Jones, Maserati Rick, los hermanos Chambers), la heroina y el crack se convirtieron en un problema en toda la ciudad.

El Consistorio municipal intentó reimpulsar una urbe deprimida con el Renaissance Center, a finales de la misma década, un complejo de rascacielos que se convirtió en una “ciudad dentro de una ciudad”. Si lo que pretendía era reimpulsar la ciudad de Detroit, el Renaissance Center fracasó estrepitosamente, al ser un complejo de negocios conectado por autopista con los suburbios y prácticamente segregado del resto.

Ni siquiera logró aplacar una tendencia que se aceleró en los 80 y 90, y no paró con el nuevo siglo: la fuga de empresas de la ciudad hacia su periferia o incluso otros Estados.

Si el Renaissance Center confundió sus anhelos y sus objetivos, pensando que el vigor económico atraería prosperidad y, como consecuencia, afectaría positivamente al resto de la ciudad, los responsables públicos de Detroit llevaron sus sueños de reimpulsar la urbe “desde arriba” hasta sus últimas consecuencias en cuanto a mercadotecnia. De no ser así, no se entendería cómo a la gran ciudad más deprimida de Estados Unidos, donde el precio de enormes casas en deplorable estado se acerca a cero, se rebautizó a sí misma como The Renaissance City.

Medios como The Economist se han llegado a preguntar si existe alguna fórmula plausible para cambiar el rumbo de una urbe en una larga y deprimente caída.

Fuente y nota completa:http://faircompanies.com/news/view/detroit-la-ciudad-que-pretende-resurgir-sus-cenizas/

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