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EL BIG DATA DESAPARECERÁ PRONTO



EL TÉRMINO, NO EL CONCEPTO

 

Por: Novecento

 

El Big Data, el análisis de enormes, desestructuradas y veloces bases de datos e información, es cada vez más ubicuo. No es un término que se escuche exclusivamente entre científicos teóricos. Ya trasciende a diversos campos del acontecer humano como la ingeniería práctica, los negocios y otros. Por ejemplo, el Big Data, según la comunidad de comentaristas políticos profesionales, fue uno de los protagonistas de las pasadas elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Ambas campañas, la de Barack Obama y la de Mitt Romney, contaron con equipos especializados de expertos en la materia y no pocos analistas destacaron como una de las causales del éxito de la campaña del presidente demócrata, el superior dominio del Big Data comparado al de su contrincante republicano. No resultaría absurdo señalar que muchas personas comenzaron a familiarizarse con el término, o incluso lo escucharon por primera vez en sus vidas, dentro del contexto de aquellos comicios.  

 

No obstante, el término Big Data no resulta apropiado y esclarecedor para significar qué es y para qué es útil esta herramienta. Thomas Davenport, académico y escritor estadounidense, autoridad internacional en análisis de datos, procesos de innovación de negocios y administración del conocimiento, nos presenta en el capítulo introductorio de su más reciente libro, Big Data @ Work, las razones por las cuales considera que el término probablemente desaparecerá. Sencillamente, nos reporta Davenport, la cantidad de información y datos, es decir el “Big”, no es la característica definitoria de este concepto.

 

Davenport indica que el elemento más destacado de este concepto no es su volumen, sino su falta de estructura y organización. El quid no yace, pues, en el volumen fantástico de datos, sino en la capacidad para organizarlos, analizarlos y convertirlos en hallazgos, innovación y valor dentro de las organizaciones. Y aquí un delicioso nugget de información: de los 2.8 zettabits (diez a la potencia 21) de data que se calcula se produjeron en 2012, solo el 0,5% fue analizado de alguna manera. No obstante la cuasi-infinita cantidad, este problema es uno realmente derivado de la ausencia de estructura en esos datos. De tenerla, los expertos vaticinan que se podría aprovechar debidamente un 25% de ellos. 

 

En el Big Data existen además de volumen y estructura otros factores que pueden tener igual o mayor relevancia. Entre estos tenemos variedad, velocidad, veracidad e incluso banalidad de la data. Cabría preguntarse, sí la data que se está recolectando para ser analizada no cuenta con todas estas variables, significa que ¿no se está trabajando con Big Data? Los expertos todavía no han llegado al consenso necesario para responder claramente pero como puede desde ya dilucidarse, la cantidad, Big, no es el elemento determinante ni novedoso y ni si quiera decisivo de este concepto.

 

La confusión alrededor del nombre se debe en buena medida a la novedad de esta herramienta, razón por la cual todavía no se han establecido a cabalidad sus verdaderos usos y alcances. Hoy por hoy encontramos que quienes han trabajado con el Big Data de manera más concreta y exitosa, son las industrias relacionadas con las actividades físicas y deportivas y rápidamente se están consolidando proyectos en salud, alimentación, psicología, veterinaria, finanzas, política pública e incluso relaciones y encuentros íntimos.     

 

Las potencialidades aumentan debido al ascenso de la conectividad a través de dispositivos móviles de todo tipo y a la generación de data por parte de los aparatos inteligentes que cada vez serán más comunes, el denominado Internet of Things. El Internet de las Cosas. La información que se está generando a través de esta formidable conectividad, va desde gustos, disgustos, ubicación, conversaciones y records de compras. E incluso más llamativo y/o preocupante, cómo y qué hacemos exactamente, sí, exactamente, en nuestros trabajos.

 

Eso hasta hoy. ¿Qué se puede venir pronto? La medición de los estados de ánimo y las ondas producidas por nuestro cerebro; la internet industrial. Davenport trae a colación el caso de General Electric, multinacional que calcula que la data que se puede minar solamente por el monitoreo de las emisiones producidas por turbinas generadoras de energía, puede ser de 588 gigabits diarios, es decir, para que lo podamos entender, comprender, ¿medir?, siete veces más data de la que produce Twitter en un día.

 

El concepto tiene gran futuro al observar lo animadas que están las grandes empresas y entidades que han creado su fortuna y nombre en campos diferentes al del Big Data, adquiriendo, ampliando o creando líneas de negocios en este campo. Entre estas tenemos a HP, Oracle, IBM, Microsoft, las Naciones Unidas y el Pentágono.

 

Davenport también indica como signo de la fastuosa vitalidad del concepto del Big Data, que cada vez están apareciendo más programas para formar científicos de la data y esto es crucial para que la tendencia se consolide debido a que a la fecha el hardware puede ser caro o barato, el software puede ser caro o barato, pero el personal especializado en la materia, hoy es notablemente costoso y se debe en buena medida a que es escaso. Por lo tanto, el interés mostrado por la comunidad educativa por aumentar su oferta de programas de especialización o profesionalización en la materia, permitirá que las empresas, y con ellas los consumidores, es decir el mercado, desarrollen más y mejores proyectos y productos de, para y por el Big Data.  

 

En definitiva, el impacto del Big Data será más que apreciable. No contamos con los detalles sobre cómo las empresas e industrias serán moldeadas por este concepto. Lo único claro hasta el momento, es que la clave del Big Data no yace en la cantidad de información que se pueda recopilar y ni siquiera analizar, sino en establecer con cardinal claridad cómo pueden aprovechar exactamente las organizaciones esta data y sus características adicionales.

 

Es evidente que las oportunidades que ofrece este concepto, sea en el área del hardware, del software o de la consultoría, son vastísimas. ¿Están los empresarios establecidos y los aspirantes a emprendedores en general, y en particular en Colombia y Latinoamérica, prestos a atraparlas?   

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