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Emprendimiento como instrumento de política exterior: tecnología e inteligencia competitiva (II)



(Este artículo es una continuación del artículo de la semana pasada)

Emprendedores tecnológicos en la economía digital.

flickr-4702401882-originalEstas decisiones e iniciativas no son accidentales. Forman parte de un enfoque integral o smart power de la política exterior estadounidense a la realidad internacional. La diplomacia se convierte en un instrumento de la economía, que también es más digital. Los actores no estatales no sólo consumen diplomacia sino que también son productores de ésta. Surgen partenariados público-privados. La tecnología facilita nuevos instrumentos de financiación y la filantropía sirve como complemento o alternativa a la ayuda al desarrollo. En otro plano, las smart cities o las grandes áreas metropolitanas –global cities– con ecosistemas orientados a la innovación tecnológica y la economía del conocimiento se convierten en los motores de crecimiento económico de los países.

La figura del emprendedor o del individuo empoderado es central a esta estrategia. En un plano político, un individuo más autónomo del ámbito de las administraciones públicas, con sus necesidades económicas inmediatas resueltas, sería más determinante en la democratización de un país a partir de sus estructuras internas que la colaboración -o la presión- a nivel de gobiernos. Autocracias disfrazadas de democracias tendrían más dificultades para legitimarse en el poder utilizando procesos electorales convocados en ausencia de oportunidades económicas o libertad de expresión para la población.

Desde un plano económico, el emprendedor sería un actor inevitable en un mundo globalizado, dinámico y competitivo en el que la tecnología sigue transformando el mercado laboral y es preciso dotarse de nuevas habilidades técnicas y profesionales si se desea mantener un determinado nivel de ingresos, tal y como explican Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee en Race Against The Machine: How the Digital Revolution is Accelerating Innovation, Driving Productivity, and Irreversibly Transforming Employment And the Economy (2102). En países en desarrollo, con elevados porcentajes de jóvenes en desempleo y donde el empleo público tiende a reducirse, el fomento de la emprendeduría sería una necesidad.

En este esquema la conectividad y el uso de las tecnologías de la comunicación y la información jugarían un papel fundamental. Christopher M. Schroeder –Startup Rising: The Entrepreneurial Revolution Remaking the Middle East, 2013- o David Rohde –Beyond War: Reimagining American Influence in a New Middle East, 2013- describen cómo miles de jóvenes emprendedores en Marruecos, Egipto, Jordania, Palestina, Singapur o Malasia, sin distinción de género ni de origen social o económico, convierten una sala con ordenadores en una fábrica de ideas y originales startups. Interactúan con otros jóvenes o expertos de cualquier parte del mundo compartiendo códigos y lenguajes de programación. Se sienten inspirados por el éxito del estadounidense Mark Zuckerberg, creador de Facebook, con mil millones de usuarios, o del jordano Samih Toukan, uno de los fundadores del portal Maktoob, vendido en 2009 a Yahoo por 175 millones de dólares. Aspiran a encontrar ideas brillantes dentro de la industria digital que atraigan el interés de business angels o inversores. Aprovechan los Massive Open Online Courses -MOOCs- ofrecidos por Stanford, el MIT o Harvard para formarse y ampliar su red de contactos.

 

El peso de la inteligencia competitiva y el Internet of Everything.

Singapore_skyline_2Aunque los casos de éxito sean estadísticamente reducidos, es un error subestimar este fenómeno. Un elemento transversal a la reciente estrategia estadounidense de promover este tipo de emprendimiento de base tecnológica como instrumento de política exterior es volcar conocimiento y habilidades en el ciberespacio. Desarrollar tecnologías que alivien la pobreza en el mundo y a su vez mejoren lo que ya existe. Revestir Internet con aplicaciones que inevitablemente serán usadas por millones de personas. Tener capacidad de influencia y exportar educación y formación de calidad. Aprovechar las redes sociales para reforzar su diplomacia pública. Acceder a información y bases de datos o abrir nuevos mercados. Aprovechar el acceso masivo a la tecnología móvil de millones de personas en países en desarrollo.

Estados Unidos ha recurrido a Silicon Valley y al conjunto de su sector privado para reforzar su diplomacia económica,  promoviendo que interactúe con miles de jóvenes en Oriente Medio y Norte de África con ideas y habilidades potencialmente exitosas. Ha desarrollado instrumentos innovadores para identificar a los emprendedores más cualificados y ofrecerles continuar sus estudios en centros estadounidenses. Dispone de actores y mecanismos de financiación con tecnologías que permiten a inversores realizar transferencias de dinero directas e inmediatas a emprendedores de terceros países, evitándoles recurrir a ayudas o subvenciones en su país de origen condicionadas a procesos poco transparentes o costosos. El inglés se convierte por inercia en la lengua vehicular entre miles de jóvenes, sin importar su origen o religión.

Los programas antes citados no se pueden evaluar en términos cuantitativos. Cumplen una misión cualitativa de alto valor estratégico si son analizados desde la óptica de su capacidad para descubrir talentos, de favorecer la internacionalización de empresas norteamericanas en sectores económicos en rápido crecimiento, de animar a sus emprendedores a conocer socios y establecer alianzas en el exterior, o para detectar tecnologías disruptivas en los ámbitos más relevantes de la economía del conocimiento.

El emprendimiento tecnológico y la inevitable digitalización de la economía son conceptos asociados. Los individuos conectados a la Red se transforman en verdaderas fábricas de datos. En la medida que se desarrollan y se multiplican las nuevas aplicaciones de extracción y análisis de datos, la monetarización de éstos y el interés de empresas y gobiernos por esa información será cada vez mayor. En pocas décadas toda la población mundial tendrá acceso a Internet. CISCO estima el valor del Internet of Everything -personas, procesos, datos y objetos conectados- en cerca de once billones de euros para el periodo 2013-2022.

Junto a ello, la presencia de múltiples actores privados en Internet afecta a conceptos y métodos de vigilancia y obtención de inteligencia. El desarrollo de plataformas transnacionales de intercambio de información usadas por millones de personas o la mera existencia de aplicaciones en Red con información específica pueden suponer inteligencia competitiva de enorme valor para el posicionamiento global o local de una empresa. Las enormes dificultades de tipo político, jurídico y tecnológico que van a existir para alcanzarse un balance satisfactorio entre privacidad y seguridad sugieren que la competición por ocupar el ciberespacio no tendrá límites ni reglas claras en el corto o medio plazo. Microsoft, Google, Yahoo, Facebook, Youtube, Skype, o Apple no serán los únicos gigantes tecnológicos. Existirán otros sujetos a regulaciones nacionales o internacionales probablemente siempre un paso por detrás de los avances tecnológicos.

La transformación de la política exterior estadounidense es reflejo de la complejidad global. No hay improvisación ni casualidades. Estrategias similares adoptadas por Reino Unido o Canadá conceden poco margen de error sobre cuáles son hoy las prioridades. La iniciativa de Israel ante Naciones Unidas a finales de 2012 promoviendo la aprobación de la primera resolución en Naciones Unidas sobre Entrepreneurship for Development se entiende mejor si se relaciona el enorme esfuerzo realizado por la Start-up Nation para convertirse en líder tecnológico mundial con la posición de influencia que necesita defender.

Parece indiscutible que las respuestas al futuro deberán buscarse en la intersección de la política, la economía y los avances tecnológicos, sin eludir el protagonismo de múltiples actores autónomos e inteligentes deslocalizados e interconectados en la Red. En la economía del conocimiento, el peso o el tamaño de una empresa medido en datos y capacidad tecnológica deberá ser una variable fundamental para evaluar la riqueza e influencia de un país. Gracias a la innovación en tecnología, individuos o actores no estatales con ideas acertadas podrán desafiar el statu quo como nunca antes se había podido imaginar.

Moisés D. Santana Quintana

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