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Un ejemplo claro de psicópata

Cuando imaginamos el mundo ideal en el que nos gustaría vivir, nuestra utopía, todos pensamos en valores como la justicia, la igualdad de oportunidades, el respeto al prójimo, el bienestar general. Quién no ha escuchado aquello de: «si todo el mundo hiciese lo que toca…» Si los hogares fueran como Twitter, esta frase, junto a «no me comes ná» y «échate algo por encima que ha refrescao» serían trending topic en la franja horaria de la sobremesa.

Si dicho mundo fantásticoperfecto difiere tanto del real, es en parte por los psicópatas. Y no me refiero al adorable asesino televisivo que sólo mata a los malos, sino a gente aparentemente normal que tras un detenido escrutinio presenta rasgos psico-sociopáticos. Me explico. Estos sujetos suelen presentar comportamientos que denotan carencia de empatía, gran inteligencia, una exacerbada habilidad para la manipulación y la falsedad patológica, amén de un interés desmedido por ser el foco de atención. Estoy seguro que os vienen a la cabeza bastantes personas que responden a este patrón: sólo tenéis que ver los informativos. Otro rasgo propio del psicópata es la incapacidad para asumir responsabilidad alguna sobre los propios actos. La desviación de la culpa. Escurrir el bulto. Grandes éxitos que abarcan del «la profe me tiene manía» o «el perro se me ha comido los deberes» escolar al «y tú más» parlamentario. El mirar a otro lado cuando el jefe pregunta por un informe que sabemos que nos tocaba elaborar a nosotros. Ejemplos que demuestran que la psicopatía no sólo es propia de tiburones de Wall Street o políticos sedientos de poder.

Creo que todos llevamos un psico-sociópata dentro: nuestro pasajero oscuro. El imp of the perverse de Edgar Allan Poe. Esa pequeña vocecita que cuando vamos conduciendo y vemos a gente debajo de la acera esperando a que dejen de pasar coches para cruzar la calle nos susurra: «gira un poquito más el volante y hazles el rodillo». No lo hacemos…pero lo hemos pensado. Si no giramos el volante, seguimos en el anonimato. Con un leve movimiento circular, los informativos abren con la foto de nuestro perfil de Facebook y pasamos a ser propiedad de Telecinco, donde vecinos comentarán que cuando nos cruzábamos con ellos, saludábamos. Es otra característica del psico-sociópata, la incapacidad de controlar los impulsos.

Con el avance tecnológico, la conducta antisocial se agudiza. Observemos el siguiente caso: una persona va sentada en el metro. No encima del mismo, porque en dicha posición duraría hasta que éste entrase en el túnel, sino sobre un asiento en el interior de un vagón moderno. Seguramente tiene la mirada fija en un dispositivo electrónico, llámesele tablet, smartphone o ebook. Lo más seguro es que no deje de toquetearlo aunque no tenga acceso a internet. ¿Reconocéis la escena? Nos hemos acostumbrado a estar entretenidos la mayor parte del tiempo. Siempre estamos frente a una pantallita, y cuando no es así, nos sentimos incómodos. Y si nos distraen de nuestro entretenimiento, nos ponemos a la defensiva, acentuando nuestro aislamiento del mundo real. El desarrollo de habilidades cognitivas como la concentración o sociales como la empatía también se ven afectadas: a ver quién es el guapo que se puede concentrar en algo cuando tiene tres menciones en Twitter, un email nuevo en cada cuenta y cinco actualizaciones por instalar. ¿Cómo puede uno empatizar con alguien con quien se comunica por Whatsapp, con emoticonos? ¿Cómo se capta la ironía a través de mensajes instantáneos? ¿Cómo saber si una palabra es cariñosa o despectiva sin ver la expresión facial de tu interlocutor? Es complicado, pero no os preocupéis. Cuando se nos acabe la batería o se nos vaya la luz de casa, podremos experimentar con un mundo en HD, con sonido envolvente y millones de píxeles: la realidad.

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