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¿Y si la jornada laboral en México fuera tan sólo de tres días a la semana y 11 horas por día?

Dicha idea, propiedad del Sr. Carlos Slim, circuló de nuevo en diversas fuentes de información nacionales después de la reunión que se llevó a cabo entre la embajadora de Israel en México, Rodica Rodian Gordon y el dueño del Grupo CARSO. De paso, propuso extender la edad para el retiro para no dejar fuera del mercado laboral a los adultos mayores, mencionó la necesidad de un mayor apoyo del sector privado para el desarrollo del capital humano y la importancia de emparejar el desarrollo tecnológico con el desarrollo de las capacidades de la población.

No es la primera vez que el millonario estrella de México expresa dicha idea. Ya en 2012 se había pronunciado a favor de reducir la jornada laboral para otorgar al trabajador cuatro días a la semana para ejercer otras actividades culturales y familiares.

Utopía.

Quizás a algún miembro de su equipo se le olvidó mencionarle que, allá, en las alturas, el aire que se respira es muy diferente al de abajo, plagado de olor a desigualdad. Se les olvidó ilustrarlo, informarlo, asesorarlo o, digamos, darle una probadita del panorama laboral en México. Una patadita por debajo de la mesa.

Se les olvidó mencionarle que en ese México desigual, la jornada laboral diurna por ley es de 8 horas pero también que el empleado que trabaja 18 o más horas al día paga el precio de su “ineficiencia”. Que en ese México no existen los pagos por horas extra.  Un México diferente.

El México donde el “Presidente del Empleo” cambió su estrategia a medio mandato. Donde millones de mexicanos han emigrado a otros países porque aquí, simplemente, no hay ni pa’ donde hacerse. Donde otros más han recurrido a una economía informal que los deja fuera de los pocos beneficios que sus impuestos les podrían otorgar.

El México donde los grandes corporativos y empresas son exonerados de sus obligaciones fiscales pero las PYMES son juzgadas con puño de hierro a pesar de generar el 72% del empleo y 52% del PIB.

Donde nosotros, como trabajadores “formales”, somos acreedores de 6 días de vacaciones después del primer año mientras que en países como Francia se dan entre 25 y un máximo de 30 días al año.

El México  donde se trabaja mucho y se gana poco.

Le debieron mencionar de igual manera que México es el país de la OCDE donde los empleados trabajan más horas al año pero también donde estos perciben menos. Y a las pruebas me remito:

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Fuente: OECDStats

Ahora bien, el Sr. Slim podría poner el ejemplo y aplicar su idea a nivel ¨micro¨. Experimentar con los miles de empleados que su conglomerado ha reclutado. Implementar un proceso de restructuración corporativa para que los empleados de, por ejemplo, TELCEL ya no trabajen durante el fin de semana. Eso sí sería noticia nacional. Aunque me queda la duda del salario percibido. Si bajo este esquema sus empleados trabajarían tan solo 33 horas a la semana, ¿el salario que perciben se mantendría igual? ¿o no?

Basado en lo que he podido leer, considero que intentó ilustrar los beneficios de la tecnología y la capacitación para la actividad humana. Los beneficios de procesos sistematizados que disminuyen la necesidad de mano de obra o que simplifican la ejecución de otras tareas profesionales. La tecnología trabajando por el humano. Una idea nada mala que, bueno, tampoco es el hilo negro descubierto por el ahora segundo hombre más rico del mundo.

Desgraciadamente, en un país como México – donde hay bajos niveles de inversión para el desarrollo de tecnología, falta mano de obra calificada y abunda la barata – antes de proponer disminuir la jornada laboral, habría que buscar primero cómo asegurar que la población adquiera habilidades para competir en un mundo laboral que ya no reconoce fronteras. Pensar si la ¨reforma¨ educativa realmente busca desarrollar ciudadanos mexicanos que sean competitivos a nivel mundial.

Al realizar su experimento tecnológico-laboral, me pregunto en qué momento Don Carlos Slim dejaría de considerar a sus trabajadores como humanos beneficiados por los avances tecnológicos para verlos como costos innecesarios altamente desechables.

No es justo ir por allí tirando palabras huecas y construyendo castillos en el aire cuando se es dueño de un monopolio que ni siquiera permite un esquema de competencia real en el país y la entrada en ciertos sectores de nuevas compañías  que puedan generar más empleos y disminuir costos para la población.

Al final, el buen juez por su casa empieza.

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