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Una Idea para Finalizar la Guerra de las Telecomunicaciones



En días recientes arreció el conflicto entre las empresas que difunden las señales de televisión en México. En el centro del debate se encuentra la entrada en vigor de los mecanismos “must carry” y “must offer”, los cuales a la vez se dice que son parte central de la nueva reforma en telecomunicaciones.

En breve, el conflicto actual se da entre los concesionarios de televisión abierta y el sistema de televisión de paga Dish. En un lado del ring, Dish ha tomado y retransmitido a sus clientes las señales de televisión abierta de Televisa y TV Azteca, al aprovechar de la reforma en telecomunicaciones la obligación de hacer “must carry”, para que los operadores de televisión de paga entreguen sin costo esas señales a sus suscriptores.

En el otro lado del escenario están Televisa y TV Azteca, obligados por la reforma y hoy renuentes a hacer de forma gratuita el “must offer”, es decir a ofrecer sin costo las señales abiertas a los operadores de televisión de paga, pues desde su punto de vista la medida se opone a los derechos de autor, ya que en el nuevo mecanismo y según su propia interpretación, los autores dejarían de recibir el usufructo de las obras transmitidas de forma gratuita por los sistemas de paga.

Lo interesante de este nuevo capítulo, en la ya larga guerra entre las empresas de telecomunicaciones de México, es que el argumento con el que ahora se atrincheraron Televisa y TV Azteca, abre una nueva avenida de discusión respecto de la necesidad de una mejor arquitectura regulatoria para el sector de telecomunicaciones, ya que de continuar la ferocidad de los litigios tal como sucedió en administraciones pasadas, no se logrará dar mayor competitividad al sector para aumentar la cobertura, reducir los precios y aumentar la calidad de los servicios, por lo que pronto la reforma de telecomunicaciones del año 2013, se convertiría en letra muerta, ahogada en los laberintos del poder judicial.

Vale la pena señalar antes de entrar a dibujar la propuesta de una nueva arquitectura, que es posible en las condiciones regulatorias actuales, salvaguardar los derechos de autor, al mismo tiempo que se aplica el “must carry” y el “must offer”. Lo que tendría que suceder es que las señales de televisión abierta, al retransmitirse por los sistemas de televisión de paga, tuvieran la garantía de que lo harían sin interrupción de los espacios publicitarios. De esta forma los concesionarios de televisión abierta podrían repercutir en el precio de la publicidad que comercializan, la audiencia que la vería en los sistemas de paga. Situación que requiere confianza y transparencia en la interacción entre operadores y que hoy son los activos más escasos del sector.

Desafortunadamente en la situación actual, las relaciones de negocio entre concesionarios es más compleja y poco transparente, por lo que es improbable que se llegue a un arreglo simple. Parece entonces que las partes en conflicto preferirán un gran pleito que un arreglo regular, pero aprovechemos entonces el drama para poner en la mesa una idea diferente.

Por principio de cuentas la transformación de las telecomunicaciones analógicas a las digitales, dio independencia a tres negocios diferentes que antes se encontraban empaquetados en la economía tradicional de las telecomunicaciones. Al observar el desarrollo histórico del mercado de las telecomunicaciones, resulta que el sector se diferenció por verticales que estaban determinadas por cada tipo de tecnología (televisión, telefonía, radio, datos (telégrafo y télex)). Las propias limitaciones e incompatibilidades de la tecnología de antaño, hicieron fácil la construcción de feudos regulatorios y económicos en donde la mayor preocupación de las autoridades alrededor del mundo siempre fue la dominancia, la colusión y el monopolio para cada tipo de tecnología. En este tipo de mercados, siempre existió una integración vertical que iniciaba con la propiedad del medio físico de transmisión, pasaba por la generación (exclusividad) del contenido y llegaba a la gestión de las audiencias.

En este arreglo, un mercado eficiente era el que tenía suficiente número de actores y ninguno con poder dominante sobre el mercado y es por ello que la reforma en telecomunicaciones de 2013 se centra en dar dientes a dos nuevos poderes, la Comisión Federal de Competencia Económica y el Instituto Federal de Telecomunicaciones, que tienen como mandato intervenir en las verticales tradicionales (televisión, radio, datos, telefonía fija y móvil) para evitar la dominancia, la colusión y el monopolio. Basta decir que el “must carry” y el “must offer”, tratan de solucionar la convivencia entre tecnologías y modelos viejos como son la TV abierta y la de paga, en un momento en donde ambas tienen por delante retos nuevos como el “streaming” de Netflix y Hulu.

Sin embargo lo que se escapa en la nueva realidad tecnológica es la diferenciación en capas horizontales del sector telecomunicaciones, en donde ahora se generan nuevas posibilidades de fallas de mercado, por causas diversas, entre las que destacan las asimetrías de información entre actores económicos y dominancia de subsectores antes desestimados pero ahora de mayor importancia (p.e. producción de telenovelas), que no están identificados y regulados en el nuevo marco legal. Las capas a las que nos referimos son:

  1. Transporte e Infraestructura. Se refiere al medio físico digital y a la transmisión a través de este de audio, datos y video. Así como a los servicios de infraestructura como el cómputo en la nube, almacenamiento, alojamiento de sistemas y servicios bajo demanda.
  2. Contenido. Es la producción y distribución de programas de radio, TV, películas, música, imágenes, eventos deportivos, culturales y de noticias.
  3. Transacción y Gestión de Audiencias. Es la capa en donde se acredita la identidad de los usuarios, se accede a servicios financieros y medios de pago, se establecen las relaciones de confianza entre actores, residen los datos personales, se provee de seguridad a los miembros de la red y se crean los mercados digitales.

Bajo esta clasificación es más fácil observar que la convergencia digital ya desdibujó las fronteras verticales entre la radio, la televisión, los datos y la telefonía, ya que ahora los dispositivos de acceso como computadoras, teléfonos móviles y televisiones, además de hacer su función principal, permiten acceso indistinto a los demás servicios. Tan es así que hoy un suscriptor de Cablevisión (filial de Televisa) puede ver la programación de su paquete de TV de paga, a través de una conexión de Internet de Telmex (empresa relacionada a los accionistas de Dish) en un teléfono móvil abonado a IUSAcel (empresa relacionada a TV Azteca).

En el caso mexicano la tragedia para los operadores, es que acostumbrados a dominar de forma vertical sus mercados, ahora se encuentran mal posicionados para dominar al mismo tiempo las tres capas del nuevo modelo. Por un lado Telmex se presenta en el escenario como un gigante en la capa del transporte pero apenas un enano en la capa del contenido, mientras que Televisa y TV Azteca a pesar de sus mejores esfuerzos, son gigantes del contenido pero un competidor menor en la capa de transporte digital. Al mismo tiempo, los grupos mexicanos ahora tienen que competir con la fuerza externa de las grandes empresas de Internet que han acaparado la capa de transacción y gestión de audiencias, como son Google y Facebook y los cuales a la vez que hoy les ofrecen una convivencia pacífica, también son capaces de invadir de la noche a la mañana, la capa del contenido e infraestructura con el interminable desarrollo de nuevos productos innovadores.

Por supuesto que estas nuevas posibilidades no han pasado desapercibidas para los operadores y tras el telón se gestan distintos tipos de acuerdos comerciales y alianzas que buscan mantener y levantar de nueva cuenta, en donde han caído, las barreras que permiten ordeñar lo más posible a las audiencias y a los consumidores. Es en este contexto en donde se antoja que el marco regulatorio actual quedará corto para resolver el alto grado de complejidad que las interacciones entre operadores y consumidores tienen ahora y de forma incremental hacia adelante.

Un ejemplo concreto, entre muchos, de estas barricadas artificiales es la marcada diferencia en la oferta que se observa entre Estados Unidos y México en las principales tiendas en línea de contenido como iTunes y Netflix, lo cual se alinea comercialmente en beneficio de las empresas de TV abierta y de paga, es decir aunque Internet nació sin discriminación geográfica, poco a poco las fronteras se han levantado y nuevas formas de colusión entre empresas, generan escasez artificial en los mercados y precios más altos. En la capa del transporte también se observan ejemplos que operan en contra de los consumidores. Hace algunas semanas usuarios de la red Totalplay comenzaron a quejarse en Internet de que el operador hizo un cambio que obliga a todos los usuarios a interconectarse por un proxy centralizado, lo que les impide hacer uso de servicios de emulación de área geográfica con los que les era posible abrir el catálogo de las tiendas en línea de Estados Unidos, lo cual viola en los hechos, la neutralidad de red que los usuarios inconformes esperarían de su proveedor de Internet.

Sería interesantísimo, tal como ha ocurrido en la política, en donde durante años se han hecho del dominio público distintas negociaciones turbias, el conocer los acuerdos y colusiones entre empresarios y funcionarios de las empresas, mediante los cuales se están parcelando las audiencias y suscriptores de México. ¿Son éticas? ¿Quedaría el público y la autoridad conforme con lo que vería?

Es así que adicional a las nuevas facultades en materia de competencia económica, se hace necesario comenzar la transición de la clasificación vertical de los mercados (radio, TV, telefonía) hacia una horizontal por capas (transporte, contenido, transacción). Desde el punto de vista personal, en el futuro la desmonopolización del sector también requerirá una desincorporación del sector en capas, pues la tecnología ya habilitó nuevas formas de colusión y asimetría de información de muy compleja solución sin una nueva clasificación del sector de las telecomunicaciones. De darse una desincorporación como la propuesta, se generarían beneficios como los que a continuación se anotan:

  1. Las empresas especializadas en transporte e infraestructura de datos tendrían como incentivo principal mover datos, con ello aumentar la capacidad de las redes y el acceso al cómputo en la nube tendría como principales promotores a los empresarios, se tendría que transitar hacia un régimen en donde se cobren los datos consumidos y se abandonen conceptos como el cobro por llamada, por minuto o por mensaje. En este esquema los operadores se liberarían de las exclusividades y los oferentes de contenido tendrían garantizada la neutralidad de red para ofrecer los contenidos a través de cualquier red disponible. La transferencia de la nueva tecnología al mercado se aceleraría, serían estos operadores los principales impulsores de la transición a tecnologías nuevas como la ultra alta definición, pues su beneficio radica en aumentar la base de consumidores, el uso y consumo de la red.
  2. Las empresas especializadas en producción de contenido se desharían del problema de la transmisión, desaparecería el cobro de chatarra empaquetada con los éxitos de taquilla, los autores y creadores tendrían mayor libertad y menos obstáculos para llegar a las audiencias, el usuario sólo pagaría por sus consumos. El costo de la publicidad se reduciría drásticamente, los anunciantes lograrían mayor eficiencia en sus inversiones publicitarias.
  3. Con la separación de la capa de transacción y datos personales, los problemas de seguridad en la red podrían hacerse más manejables, los costos de transacción bajarían al eliminarse las compras forzadas o empaquetadas, las empresas financieras y medios de pago competirían de forma directa sin barreras de entrada por necesidad de colusión con medios de comunicación y operadores. Se tendrían responsables más claros respecto del uso de los datos personales y el consumidor tendría una relación más simétrica con las empresas de servicios.

Debe anotarse que la desincorporación por capas, reduce la complejidad y los riesgos de fallas del mercado pero no cancela la regulación vertical para que en cada capa se actúe en contra de la dominancia, la colusión y el monopolio, de forma que también se exija, en cada capa del nuevo modelo, la concurrencia de múltiples actores que incentiven la competencia.

Claro que aunque del lado de la demanda (los mexicanos) los posibles beneficios de la propuesta deben sonar muy bien, del lado de los monopolistas mexicanos ha de parecer una receta para el apocalipsis y de hecho lo es, ya que así como la tecnología analógica requirió la integración vertical de los negocios de telecomunicación para hacerlos realidad, la tecnología digital cambió la naturaleza del juego por completo y por ello necesitamos construir el nuevo libro de reglas y evitar a toda costa que el futuro se modele con las prácticas de antaño que hoy dañan a los consumidores mexicanos, quienes seguiremos rezagados respecto de las naciones que entienden con claridad el nuevo contexto y las cuales optarán por cambiar sus modelos regulatorios a tiempo.

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